OPINIÓN / ¿A qué huele la ciudad en elecciones?

CABEZOTE alvaro rodriguez¿De qué están hechas las ciudades más allá de su inventario urbano?

Qué olor, fragancia, semeja usted con su ciudad ¿cuyo vapor electoral la consume? ¿Qué corre por sus arterias viales como un cuerpo geográfico? ¿Cuál es la anatomía política que la salpica de olor a corrupción o a limpio en sus mañanas? ¿Acaso huele a miseria, a podrido, a cañería, a piña, a cholao, a tinto? ¿Qué diablos la circunda en sus rincones de miseria, en su tráfico humano en la búsqueda de una verdad política que la libere o la condene?
¿A qué huelen los cantos nocturnos y diurnos de estos  juglares aventajados que hacen soñar  para que no se cumplan muchos programas de gobierno? Por qué se resbalan tantos egos  y tantas incertidumbres, tantos intereses  sumados en las ambiciones de mercaderes del voto que caminan en la romería electoral?

Dígame: ¿a qué huele su municipio  con sus mensajes políticos con códigos diversos? ¿Cuál es el olor de los directorios? ¿Cuál es olor de la política en Pereira, en esa conurbación surgida del sudor que es Cuba? ¿A qué huele Pereira al mediodía con el eco de la vocinglería política que recorre sus calles pidiendo el voto? ¿A qué huelen hombres presurosos venidos de la periferia a repetir el eco bullicioso de pequeños líderes sin compromiso alguno por la ciudad y que mucho menos, generan confianza? A voto robado, comprado  o decente. El útil o a negocio sucio. A atajo. ¿A líderes retorcidos?  ¿A grandeza humana? Desde los restaurantes  urbanos la ciudad huele a “sancocho” electoral preparado con ¿diversos “ingredientes?

A qué huele la ciudad forzada por una “gastronomía” que pocos la digieren? Me podría decir usted, que supongo va a votar, a qué huele Risaralda a las 5 de la tarde cuando la ciudad se va apagando y queda en la espesa neblina el discurso denso y oscuro en voces de la religión política? ¿Qué olor expele hoy el escenario político? Me podría indicar a qué huele esta Pereira y sus municipios tatuada por la tinta tirada de la política como ¿un abstracto absurdo?

A qué huele esta bendita política que se parece a una pasarela en los nuevos centros comerciales?  Que parecen códigos de barras en estos nuevos templos de la ciudad “fashion”? Acaso, ¿me podrán decir  si los logos políticos esconden la grandeza de pequeños líderes embadurnados de gloria con el traje clandestino  de un número de etiqueta? ¿Huele a Pereira fenicia? ¿A tarifa? ¿A plata?

¿A bala que mata jóvenes en nuestras calles y se quedan en simple estadística sin que la política se pronuncie? ¿Acaso, a silencioso groseros?

¿Esas agencias políticas que caminan con rótulo de partido y con nombre esparcido de candidatos, me podrán decir  a qué huelen?

Esas estatuas humanas congeladas como en museos de cera- como cuadros colgados en el palacio del horror- unos pálidos, sin riñones e hígados, descerebrados otros, serán siempre con nuestra complacencia y el silencio cómplice que empujan el carruaje al abismo?

Me podrán decir ¿qué olor se esparce a esta hora en su municipio, bajo el ardiente sol de octubre electoral?

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