Puerto de Oro siempre ha estado en el corazón del gobernador Tamayo Vargas

La importancia también es ancestral y su riqueza cultural. Los Embera son un pueblo de más de 500 años de existencia; con una lengua propia, una estructura social organizada, y costumbres que se transmiten de generación en generación.

Por más de 10 años el corregimiento de Puerto de Oro de Mistrató, el más lejano de Risaralda, a unas 10 horas de Pereira en carro, luego a caballo, a pie por trochas y montañas, ha estado clavado en el corazón del gobernador Victor Manuel Tamayo Vargas.

Es el único gobernador que ha visitado este lugar tres veces, una como secretario de gobierno de Risaralda y dos como mandatario seccional para atender a una población de 500 indígenas, los Embera Chamí, que luchan por sobrevivir y no ser olvidados del todo por el Estado.

En la pequeña plaza del corregimiento, Tamayo Vargas saludó uno a uno de los que allí lo esperaban y a pesar de la travesía a pie de una hora desde donde lo dejó el helicóptero, entregó todas las ayudas.

Pero, ¿Cuál es la importancia de Puerto de Oro?

Allí no hay oro, si así fuera, la población no viviría tan necesitada. Su importancia tampoco es política, pues allí hay necesidades de toda índole que supera de lejos cualquier interés electoral.

Para Victor Manuel Tamayo Vargas la persona es y ha sido lo más importante. Son risaraldenses con grandes necesidades de salud, alimentación, educación y producción para el autosostenimiento.

La importancia también es ancestral y su riqueza cultural. Los Embera son un pueblo de más de 500 años de existencia; con una lengua propia, una estructura social organizada, y costumbres que se transmiten de generación en generación.
Puerto de Oro es importante también por sus grandes riquezas paisajísticas, su geografía, su Río San Juan; pero, sobre todo, por el asentamiento humano que le da vida a este lugar.

Hasta allí llegó el Gobernador muy emocionado de volver y de servir a niños, niñas, adultos y adultos mayores. Les llevó 20 toneladas de ayudas y regalos para los niños, que nunca habían recibido uno solo.

Viajar a Puerto de Oro, sí o sí

Para el Gobernador llegar a Puerto de Oro con 20 toneladas de ayudas de toda índole se había convertido en una obsesión.

Volver después de 10 años a aquel caserío olvidado en medio de la selva risaraldense en límites con el Chocó y Antioquia era un anhelo que no se podía postergar por más tiempo.

Así mismo, su preocupación por llevar un motor diésel para finiquitar un trapiche de tracción humana lo llevó a solicitarle al presidente Gustavo Petro, gestionar un helicóptero para llevar el motor de más de media tonelada de peso.

El pasado miércoles 14 de diciembre gracias al Gobierno Nacional al Ejército de Colombia y a la Policía, se pudo viajar a Puerto de Oro.

El Gobernador consciente de que esta es su última visita a este lugar como Gobernador, no pudo esconder su pesar y la nostalgia de partir nuevamente a Pereira, a sabiendas de que las 20 toneladas de ayudas nunca serán suficientes para una población tan lejana y tan necesitada, por eso espera que quien lo suceda en el cargo, no abandone a esta población indígena que tanto necesita del Estado.

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