Descansar mal ya no es la excepción, se ha convertido en la norma. Según la Asociación Colombiana de Medicina del Sueño (ACMES), cerca del 60% de los ciudadanos presenta algún trastorno relacionado con el descanso en la noche y más del 40% consume medicamentos para dormir bien. Las cifras no solo preocupan, también reflejan un problema estructural que afecta la salud pública, la calidad de vida y el rendimiento diario de millones de personas.
Detrás de esta crisis silenciosa hay múltiples causas: jornadas laborales extensas, uso excesivo de pantallas, malos hábitos alimenticios y estrés acumulado. De hecho, en los últimos cinco años, se ha perdido en promedio 23 minutos de descanso por noche a nivel mundial, lo que equivale a más de 17 noches menos de reposo al año. Esta tendencia, aparentemente inofensiva, tiene consecuencias directas en la salud: aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, debilita el sistema inmunológico, altera el metabolismo y deteriora la salud mental.
“Conciliar el descanso no se trata solo de evitar el cansancio. Es durante ese periodo de recuperación que nuestro cuerpo se fortalece, el sistema inmune se reactiva y el cerebro organiza la información del día. Sin una recuperación adecuada, nuestro bienestar físico y mental se deteriora poco a poco”, explica Daniel Santiago Mejía, docente del programa de Fisioterapia de Areandina Pereira.
¿Por qué es fundamental lograr un buen descanso?
Entender el valor del sueño es esencial. Durante la noche, el organismo atraviesa ciclos que incluyen fases ligeras, profundas y REM. Cada uno cumple funciones clave: desde la reparación muscular hasta la consolidación de la memoria y la gestión emocional. Lo ideal es completar de cinco a seis ciclos cada noche, lo que equivale a entre 7,5 y 9 horas de recuperación continua y sin interrupciones.
Sin embargo, no solo importa la cantidad de horas, sino la calidad del reposo. Por eso, aunque muchas personas crean que pasar ocho horas durmiendo es suficiente, si el periodo de descanso es interrumpido o los ciclos naturales no se respetan, los beneficios se reducen notablemente. Esto explica por qué a menudo las personas se despiertan sintiéndose agotados, incluso después de haber estado en supuesto o aparente reposo toda la noche.
Para Mejía, “las personas deben comprender que recuperar energías durante la noche es una función vital, como alimentarse o respirar. No se puede seguir sacrificando ese tiempo esencial en nombre de la productividad”.
Siete claves para tener un buen sueño
Con ajustes sencillos en los hábitos diarios, se puede lograr un descanso mucho más reparador y saludable. Para esto, el docente de Areandina recomienda:
Establecer una rutina fija: Acostarse y levantarse a la misma hora todos los días, incluyendo fines de semana, ayuda a sincronizar el reloj biológico.
Reducir el uso de pantallas antes de ir a la cama: La luz azul de celulares y televisores interfiere con la producción de melatonina, la hormona que promueve el descanso.
Descansar en oscuridad total y sin ruido: Usar cortinas opacas, antifaces y tapones auditivos crea un ambiente ideal para relajarse completamente.
Mantener una temperatura adecuada en el dormitorio: Entre 18°C y 22°C es lo ideal para facilitar un reposo profundo.
Cenar de forma ligera y con tiempo: Evitar comidas pesadas o muy grasas al menos dos horas antes de acostarse mejora la digestión y reduce las interrupciones nocturnas.
Evitar estimulantes como cafeína y alcohol en la noche: Estas sustancias alteran el sistema nervioso y pueden dificultar la conciliación del descanso.
Adoptar técnicas de relajación previas al descanso: Leer en formato físico, escuchar música suave o practicar aromaterapia o mindfulness puede ser de gran ayuda para desconectar la mente.
“Muchos no se dan cuenta de que la forma en que terminan su día influye directamente en cómo lo comenzarán al siguiente. Dormir adecuadamente es una inversión en nuestra salud presente y futura”, recalca Mejía.
Finalmente, si los problemas para lograr un descanso profundo persisten más allá de tres semanas, o si aparecen síntomas como ronquidos intensos, somnolencia diurna excesiva o insomnio crónico, es fundamental acudir a un profesional de la salud. Ignorar los trastornos relacionados con el sueño puede derivar en afecciones más graves y afectar profundamente la calidad de vida.



