Lula da Silva, de la pobreza y las fábricas a un histórico cuarto mandato en Brasil

A los 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva ha vuelto a imponerse en las urnas para conquistar un histórico cuarto mandato presidencial en Brasil, prolongando una trayectoria política que lo llevó de la pobreza del noreste del país a convertirse en uno de los principales referentes de la izquierda mundial.

RÍO DE JANEIRO – Xinhua

El antiguo obrero metalúrgico, que desafió al régimen militar, perdió tres elecciones presidenciales antes de alcanzar el poder y pasó 580 días en prisión, vuelve a salir victorioso de las urnas para afrontar una nueva etapa al frente de la mayor economía de América Latina.

Fotos / Xinhua

En la primera vuelta, celebrada el 4 de octubre, Lula sufrió un inesperado revés al quedar en segundo lugar, con el 45,16 por ciento de los votos válidos, frente al 47,03 por ciento obtenido por el senador Flávio Bolsonaro, resultado que contradijo las expectativas de buena parte de las encuestas.

Lejos de renunciar a sus aspiraciones, el veterano dirigente relanzó su campaña para la segunda vuelta del 25 de octubre, en la que consiguió revertir el resultado con una gran movilización de toda la izquierda brasileña y asegurar un nuevo mandato presidencial.

Nacido el 27 de octubre de 1945 en Caetés, en el empobrecido estado nororiental de Pernambuco, Lula fue el séptimo hijo de una familia campesina. A los siete años emigró con su madre y sus hermanos a Sao Paulo en busca de mejores oportunidades. Trabajó como vendedor ambulante y limpiabotas antes de formarse como tornero mecánico, oficio que lo acercó al movimiento sindical.

En la década de 1970 adquirió notoriedad como dirigente de los trabajadores metalúrgicos del cinturón industrial de Sao Paulo. Al frente de multitudinarias huelgas, desafió a la dictadura militar (1964-1985) y se convirtió en una de las figuras más visibles del nuevo sindicalismo brasileño.

En 1980 participó en la fundación del Partido de los Trabajadores (PT), una formación que con el tiempo se consolidaría como uno de los principales pilares de la izquierda brasileña.

Tras perder las elecciones presidenciales de 1989, 1994 y 1998, Lula moderó su discurso, amplió sus alianzas y alcanzó finalmente la Presidencia en 2002. Sus dos primeros mandatos, entre 2003 y 2010, coincidieron con una etapa de crecimiento económico y expansión del comercio exterior, favorecida por el auge de las materias primas y la creciente demanda internacional.

Programas como Bolsa Familia y Hambre Cero contribuyeron a reducir la pobreza y ampliar el acceso a los servicios básicos. Al mismo tiempo, Brasil reforzó su presencia internacional y profundizó sus relaciones con las economías emergentes, impulsando la cooperación Sur-Sur y la consolidación del BRICS.

Su trayectoria política sufrió un vuelco con las investigaciones por corrupción de la operación Lava Jato. Lula ingresó en prisión en abril de 2018 y quedó fuera de las elecciones de ese año, pese a liderar todos los sondeos. En 2021, el Supremo Tribunal Federal anuló sus condenas por cuestiones de competencia judicial y declaró parcial al juez Sergio Moro en uno de los procesos, lo que le permitió recuperar sus derechos políticos.

En 2022 regresó a la Presidencia tras derrotar a Jair Bolsonaro en una de las elecciones más polarizadas de la historia brasileña. Su tercer mandato, iniciado en enero de 2023, priorizó la recuperación de las políticas sociales, la lucha contra el hambre, la protección de la Amazonía y la reindustrialización.

En política exterior, Lula ha defendido un orden internacional multipolar, una mayor representación de los países en desarrollo en las instituciones multilaterales. Su nuevo triunfo prolonga un proyecto que combina políticas sociales, defensa de la soberanía nacional y búsqueda de una mayor influencia internacional. No obstante, el nuevo mandato también estará condicionado por las restricciones fiscales, las negociaciones con el Congreso y la persistente polarización política.

Casado por tercera vez y padre de cinco hijos, Lula inicia así otro capítulo de una carrera marcada por derrotas, victorias y regresos inesperados. El antiguo sindicalista vuelve al Palacio de Planalto con el reto de demostrar que su proyecto puede responder a las expectativas de una sociedad profundamente dividida.

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