La historia de Mick Gibbs, el apostador más ganador de la historia

Dentro del universo del azar y el juego, las apuestas deportivas son todo un mundo aparte. Esta particular práctica tiene millones de aficionados alrededor del planeta, y algunas personas hasta disfrutan más arriesgando su dinero que viendo los partidos. Con la proliferación de internet y las casas de apuestas online, son cada vez más los usuarios que ingresan. Sin embargo, todavía no se puede superar un récord con más de 20 años de historia.

Son muchos los tipos de apuestas, las cantidades de dinero y los deportes donde se practican. Durante los últimos años, sucedieron eventos insólitos como el apostador del Leicester en la Premier League de 2016, único en adivinar la coronación del pequeño club inglés. O los números invertidos en la espera de que Luis Suárez muerda a algún rival durante el Mundial de Brasil 2014. Por supuesto, el atacante uruguayo no decepcionó. Pero, a pesar de estas curiosidades, Mick Gibbs se mantiene en la cima de las apuestas más increíbles de la historia.

Un techista sin techo

Mick Gibbs es un instalador de techos oriundo de la ciudad de Lichfield, al centro de Inglaterra. El hombre llevaba una vida regular, hasta que decidió involucrarse en las apuestas deportivas, hecho que cambiaría el resto de su existencia. Y no solo por la cantidad de dinero que obtuvo, sino también por el reconocimiento internacional y la perdurabilidad de su récord.

El techista creía que estaba en condiciones de arriesgar su dinero apostando por quiénes serían los ganadores de las competiciones futboleras más importantes de su país y de Europa. Entonces eligió a sus candidatos para la Premier League, el Football League Championship, la League One y la League Two. Como si fuera poco, agregó a los campeones del campeonato de Cricket y de la liga inglesa de rugby.

La Champions y el campeón

Sin embargo, la frutilla del postre se daría con la competición a nivel clubes más importante del mundo fútbol: la Champions League. En la edición del 2000-2001, la final la disputaron el Bayern Múnich, de Alemania, y el Valencia, de España. Gibbs había predicho la victoria del club alemán, por lo que, durante la tanda de penales que marcó la definición, no pudo mirar la televisión.

Era el último encuentro donde el inglés tenía dinero apostado. Venía acumulando 14 victorias y, de no acertar con aquella final, perdería todo el premio acumulado. Tras igualar 1 a 1, los alemanes se impusieron por 5 a 4 en los penales. Pero el gran ganador fue Gibbs, que se hizo con una fortuna de más de medio millón de euros.

Las probabilidades eran realmente muy bajas, ya que el techista había invertido un promedio de 30 centavos de euro, con escasas chances de 1.6 millones a 1 para ganar. Sin embargo, cuando la suerte sonríe, esos números se multiplican, y la vida de este hombre cambió para siempre.

La suerte no es de principiante

Podría decirse que Mick ya era un experimentado en las apuestas deportivas, y también en los triunfos dentro del rubro. Antes de su histórica victoria del 2001, había apostado por el ganador de la Champions League de 1999. En este caso, el Manchester United, equipo del que es aficionado. Los Diablos Rojos ganaron y su premio se contó en poco más de 150 mil libras esterlinas, por lo que Gibbs tenía toda una experiencia acumulada antes de lanzar su jugada maestra.

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