Los días 12 y 13 de septiembre de 2026 se celebrará en Nueva Delhi, capital de la India, la 18ª Cumbre del BRICS, bajo el lema “Construyendo para la resiliencia, la innovación, la cooperación y la sostenibilidad”. Estas cuatro palabras plantean una cuestión urgente de nuestro tiempo: en una era marcada por crecientes fricciones geopolíticas, frecuentes interrupciones de las cadenas de suministro y el resurgimiento del proteccionismo, ¿cómo encontrar un camino que permita conciliar el desarrollo y la autonomía de los países del Sur Global, que constituyen la gran mayoría del mundo?
Por Chen Yin, corresponsal de la Agencia de Noticias Xinhua
El mecanismo de cooperación del BRICS es precisamente una plataforma clave para avanzar por ese camino. Desde su lanzamiento en 2006, ha evolucionado de un foro de diálogo económico a un mecanismo de cooperación multidimensional y multisectorial.
A lo largo de estos 20 años, los países del BRICS han fortalecido su solidaridad y cooperación, manteniéndose firmes en los principios de apertura, inclusión y beneficio mutuo. Al mismo tiempo, han ofrecido a los países en desarrollo nuevas alternativas para profundizar la cooperación práctica y participar en la gobernanza global, contribuyendo así a elevar la representatividad y la voz del Sur Global.
Siendo la plataforma de unión y cooperación multilateral más importante del mundo actual para los países con mercados emergentes y en desarrollo, el BRICS se está convirtiendo en una fuerza fundamental para impulsar una globalización económica más inclusiva y beneficiosa para todos, así como una multipolarización mundial más equitativa y ordenada.
Tras su ampliación, el BRICS, que abarca regiones clave de Asia, África, América Latina, Medio Oriente y el Sudeste Asiático, reúne a países cuya población total supera el 50 por ciento de la población mundial, cuyo peso en el producto interno bruto (PIB) mundial sobrepasa el 40 por ciento y cuya contribución al crecimiento económico mundial rebasa el 50 por ciento.
La capacidad del BRICS para superar diferencias geográficas, institucionales y culturales radica en que responde a una necesidad común de los países en desarrollo: unirse y fortalecerse para alcanzar un desarrollo compartido en ámbitos de interés común, como la economía, el comercio, las finanzas, la industria y la ciencia y la tecnología.
Basta con observar el Nuevo Banco de Desarrollo (NBD) y el Acuerdo de Reservas de Contingencia. El BRICS ha creado sucesivamente estos dos mecanismos para brindar apoyo a los países miembros en materia de infraestructura, estabilidad financiera y desarrollo sostenible.
Hasta finales de 2025, el NBD ha aprobado un total de 139 proyectos por un monto acumulado de 42.900 millones de dólares. Asimismo, la Asociación de la Nueva Revolución Industrial del BRICS ha extendido la cooperación a ámbitos como la industrialización, la innovación científica y tecnológica, la transformación digital y la economía verde, ayudando a los países del Sur Global a aprovechar las oportunidades que ofrece la nueva revolución tecnológica e industrial.
En la actualidad, el mundo atraviesa cambios sin precedentes: conflictos geopolíticos prolongados, auge del proteccionismo y el unilateralismo, y nuevos desafíos como el cambio climático, la brecha digital y la gobernanza de la inteligencia artificial. Frente a estas dificultades, las tradicionales potencias occidentales carecen tanto de la capacidad como de la voluntad suficientes para seguir proporcionando bienes públicos globales, mientras el Sur Global hace oír cada vez con mayor fuerza sus demandas de paz, desarrollo y cooperación.
Como representante clave del Sur Global, el BRICS ha recogido las aspiraciones y la sabiduría práctica de los países en desarrollo, ha propuesto diversas iniciativas y soluciones de gobernanza en múltiples ámbitos y está contribuyendo a transformar la estructura del actual sistema de gobernanza global.
Según proyecciones del Fondo Monetario Internacional y otras instituciones internacionales, el PIB de los países del BRICS crecerá a una tasa anualizada de entre el 4,2 y el 5,1 por ciento, casi el triple del lento crecimiento de entre el 1,3 y el 1,8 por ciento previsto para el G7, lo que reforzará aún más su papel como motor del crecimiento económico mundial.
En la cooperación del BRICS y el desarrollo conjunto del Sur Global, China siempre ha desempeñado un papel fundamental. Desde el lanzamiento del BRICS en 2006, China lo ha considerado un pilar importante de su diplomacia multilateral y ha pasado de ser un participante destacado a convertirse en un actor clave de su desarrollo. Gracias al impulso activo de China, la cooperación del BRICS se ha ampliado sucesivamente mediante formatos como el “BRICS Plus” y el “BRICS ampliado”, y ha construido una arquitectura integral y multidimensional que abarca los ámbitos político, económico, financiero, comercial y social, así como los intercambios entre pueblos.
China no solo es una defensora del desarrollo del BRICS, sino también una participante activa en la promoción y materialización de su cooperación. Desde la creación del Nuevo Banco de Desarrollo hasta la ampliación del alcance de la cooperación del BRICS de los países miembros al Sur Global en su conjunto; desde la articulación de la Iniciativa de la Franja y la Ruta con la cooperación del BRICS hasta la defensa de los intereses de los países en desarrollo en foros multilaterales como la ONU y el G20; desde la presentación de cuatro Iniciativas Globales hasta la propuesta de construir una comunidad de futuro compartido de la humanidad, China ha demostrado reiteradamente con acciones concretas que los países en desarrollo tienen derecho a elegir sus propias vías de desarrollo de acuerdo con sus condiciones nacionales.
América Latina y el Caribe, una de las regiones con mayor concentración de países del Sur Global, siente una afinidad natural hacia el BRICS. Brasil, como miembro fundador del mecanismo, ha desempeñado un papel pionero en ámbitos como las energías limpias, la agricultura moderna y la economía digital. Mientras tanto, Cuba y Bolivia se han convertido en países socios, y Colombia es miembro del NBD. Todo ello crea condiciones sin precedentes para que América Latina y el Caribe profundice su cooperación con el BRICS y con el resto del Sur Global.
La incorporación de Bolivia como país socio al BRICS tuvo lugar durante el mandato del expresidente boliviano Luis Arce Catacora. En noviembre de 2025, tras la toma de posesión de Rodrigo Paz Pereira, surgieron dudas sobre su postura hacia el BRICS. Sin embargo, los acontecimientos posteriores demostraron que el Gobierno boliviano mantiene una posición clara y firme al respecto.
En mayo de 2026, el canciller de Bolivia, Fernando Aramayo, confirmó que el Gobierno de Rodrigo Paz había ratificado su presencia en el bloque del BRICS, subrayando que “el BRICS es un mecanismo global importante” y añadiendo que Bolivia “necesita redinamizar su economía y echar mano de todos los mecanismos posibles”.
La condición de país socio ofrece al país sudamericano una vía concreta para acceder a mercados que representan casi la mitad de la población mundial y más del 40 por ciento del PIB global, así como la posibilidad de realizar operaciones comerciales en monedas nacionales y reducir su dependencia de las divisas. Más importante aún, le permite acceder a fuentes alternativas de financiación a través de mecanismos como el NBD.
Según informaron medios locales, el embajador de Bolivia en China ya ha iniciado consultas para la adhesión del país al NBD. En un momento en que la economía boliviana enfrenta diversos desafíos, su condición de país socio del BRICS ya no constituye únicamente una opción diplomática, sino también una alternativa concreta para impulsar su desarrollo.
El BRICS no es un bloque dirigido contra Occidente. El propio lema de la Cumbre de Nueva Delhi demuestra que el mecanismo está ofreciendo, ante un mundo convulso, una alternativa centrada en el desarrollo y no en la confrontación.
Para Bolivia, América Latina y el Caribe y todo el Sur Global, esto no representa únicamente una oportunidad de cooperación económica, sino también una elección histórica para contribuir a la construcción de un orden internacional más justo, diverso y sostenible. Vale la pena recorrer este camino con determinación.


