• El mundo llega a los 8 mil millones de personas; en 2030 serán 8.500 millones

    América Latina y el Caribe han cuadruplicado en tamaño entre 1950 y 2022 y llegará a 752 millones de habitantes hacia 2056, pero disminuirán a 646 millones en 2.100.

    Según cálculos del Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la humanidad alcanzó este martes la marca de los 8.000 millones de habitantes.

    «Este crecimiento sin precedentes se debe al incremento de la expectativa de vida, gracias a los avances en la salud pública, la nutrición, la higiene personal y la medicina. También es consecuencia de los niveles altos y sostenidos de fertilidad en algunos países», afirmó el Secretario General de la ONU, Antonio Guterres.

    La población mundial tardó 12 años en pasar de 7.000 a 8.000 millones. Asia y África encabezaron la mayor parte de ese crecimiento y se prevé que «sigan liderando el próximo millardo en 2037». En concreto, India es actualmente el mayor contribuyente a esa expansión poblacional, y se estima que ya en 2023 reemplace a China como la nación más poblada del mundo, «cuya contribución al siguiente millardo será negativa», advierte el informe ‘Perspectivas de la población mundial 2022’.

    Las últimas proyecciones de la ONU, la población mundial alcanzará los 9.700 millones en 2050 y los 10.400 millones en 2100, según el escenario medio, que asume una disminución de la fecundidad para los países donde todavía prevalecen las familias numerosas,un ligero aumento de la fecundidad en varios países donde las mujeres tienen menos de dos nacimientos en promedio durante toda la vida, y continuas reducciones de la mortalidad en todas las edades. Existe una incertidumbre inherente en la población.

    A nivel mundial, esa incertidumbre depende del rango de tendencias futuras plausibles en la fecundidad, mortalidad y migración internacional, que han sido evaluados para cada país o área utilizando datos demográficos y métodos estadísticos.

    Este análisis concluye que, con una probabilidad del 95 por ciento, el tamaño de la población se situará entre 9.400 y 10.000 millones en 2050, y entre 8.900 y 12.400 millones en 2100.

    África subsahariana representará la mayor parte del crecimiento de la población mundial en las próximas décadas, mientras que varias otras regiones comenzarán a experimentar una disminución de la población. África subsahariana es proyecta convertirse en la más poblada de las ocho regiones geográficas a fines de la década de 2060, superando a ambas Asia oriental y sudoriental y Asia central y meridional en tamaño (gráfico III.2), y podría ver su la población alcance los 3.440 millones a finales de siglo.

    Si bien el crecimiento de la población en el norte de África y Asia occidental ha sido más lento que en el África subsahariana África en las últimas décadas, también se prevé que la región siga creciendo hasta finales de este siglo, sumando 221 millones de personas entre 2022 y 2050 y otros 174 millones de personas entre 2050 y 2100.

    Las dos regiones más pobladas del mundo en 2022 son Asia oriental y sudoriental, con 2300 millones de personas, que representan el 29% de la población mundial, y Asia Central y Meridional, con 2.100 millones (26 por ciento). Ambas regiones, que experimentaron un rápido crecimiento demográfico desde mediados del siglo XX, Se espera que alcancen su tamaño máximo de población en las próximas décadas. Asia oriental y sudoriental es proyectado para alcanzar un tamaño de población máximo de 2.4 mil millones alrededor de 2034 y la población de Central y Se proyecta que el sur de Asia alcance su punto máximo unos 38 años más tarde con 2.700 millones alrededor de 2072.

    La población combinada de Europa y América del Norte se está estabilizando, alcanzando los 1.120 millones en 2022 y, según el escenario medio, proyectado para crecer lentamente a poco menos de 1,13 mil millones alrededor de 2038 y disminuir a partir de entonces a unos 1.000 millones a finales de siglo.

    La población de América Latina y el Caribe, que se ha cuadruplicado en tamaño entre 1950 y 2022, se prevé que alcance su punto máximo justo por debajo de los 752 millones alrededor de 2056 y disminuirá a partir de entonces a alrededor de 646 millones en 2100. Se prevé que la población de Oceanía continúe crecer hasta el final del siglo.

    La población total de la región, excluyendo Australia y Nueva Zelanda, se espera que aumente de 13,6 millones en 2022 a 19,6 millones en 2050 y 24,6 millones en 2100.

    Australia y Nueva Zelanda, que albergarán a 31,2 millones de personas en 2022, podrían ver crecer su población a 38,1 millones en 2050 y 44,2 millones en 2100, según el escenario medio.

    «Más de la mitad del aumento proyectado de la población para 2050 se concentrará en solo ocho países: Congo, Egipto, Etiopía, India, Nigeria, Pakistán, Filipinas y Tanzania», precisa el documento.

    El Secretario General de la ONU escribió un artículo de opinión en el que plasma una serie de reflexiones sobre el estado actual de la humanidad y las crisis por las que atraviesa; entre ellas, una que no suele ser titular de los medios de comunicación: la codicia. Vivimos un momento difícil, pero no exento de esperanza, precisa António Guterres.

    «El hito es una ocasión para celebrar la diversidad y los avances al tiempo que se considera la responsabilidad compartida de la humanidad por el planeta», afirmó el secretario general de la ONU, António Guterres, a propósito de la cifra de habitantes que alberga el planeta Tierra.

    Estos son los términos del escrito del jefe de la ONU:

    “A mediados de noviembre, la población mundial alcanzará la cifra de ocho mil millones de personas, lo que da testimonio de los avances científicos y las mejoras que se consiguieron en materia de nutrición, salud pública y saneamiento. Sin embargo, a medida que aumenta la familia humana, también se vuelve más dividida.

    Miles de millones de personas tienen graves dificultades; cientos de millones pasan hambre e incluso hambruna. Hay cantidades sin precedentes de personas en tránsito, en busca de oportunidades y tratando de superar deudas y penurias, guerras y desastres climáticos.

    A menos que reduzcamos el enorme abismo entre los que tienen y los que no tienen, estamos allanando el camino hacia un mundo con ocho mil millones de habitantes dominado por tensiones y desconfianza, crisis y conflicto.

    Los hechos hablan por sí solos. Un puñado de multimillonarios controlan la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial. Una quinta parte de los ingresos mundiales van a parar a los bolsillos del 1 % más rico, y la población de los países más ricos tiene una esperanza de vida hasta 30 años más prolongada que la de los más pobres. En las últimas décadas, esas desigualdades fueron aumentando a la par de la riqueza mundial y la calidad de la salud.

    Además de estas tendencias a largo plazo, la aceleración de la crisis climática y la recuperación desigual de la pandemia de COVID-19 están potenciando hasta el extremo las desigualdades. Vamos camino de una catástrofe climática, y las emisiones y temperaturas no dejan de aumentar. Las inundaciones, tormentas y sequías están destrozando países que prácticamente no contribuyen al sobrecalentamiento global.

    La guerra en Ucrania agrava las crisis alimentaria, energética y financiera, y las economías en desarrollo son las más afectadas. Estas desigualdades se cobran el precio más alto entre las mujeres y las niñas, y entre los grupos marginados que ya sufren discriminación.

    Muchos países del Sur Global se enfrentan a enormes deudas y una pobreza y hambre cada vez mayores, además de los efectos cada vez más amplios de la crisis climática, por lo que son mínimas sus oportunidades de invertir en una recuperación sostenible de la pandemia, la transición a la energía renovable o la educación y la capacitación para la era digital.

    El enojo y el resentimiento contra los países desarrollados están en su punto máximo.

    Las divisiones tóxicas y la desconfianza demoran y estancan multitud de cuestiones, desde el desarme nuclear hasta el terrorismo y la salud global. Debemos poner freno a estas tendencias dañinas, recomponer las relaciones y encontrar soluciones conjuntas a los retos que tenemos en común.

    El primer paso es reconocer que estas desigualdades fuera de control son una elección, que los países desarrollados tienen la responsabilidad de rectificar desde este mismo mes, en la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (COP27) que se celebra en Egipto y la cumbre del G20 de Bali.

    Espero que la COP27 logre un Pacto de Solidaridad Climática histórico en que los países desarrollados y las economías emergentes se unan en torno a una estrategia común y aúnen sus capacidades y recursos por el bien de la humanidad. Los países más ricos deben proporcionar apoyo financiero y técnico a las economías emergentes más importantes para que abandonen los combustibles fósiles. Es la única esperanza que nos queda para cumplir los objetivos climáticos.

    Insto también a los líderes a que acuerden una hoja de ruta y un marco institucional para indemnizar a los países del Sur Global por las pérdidas y los daños asociados al clima, que ya están causando un enorme sufrimiento.

    La cumbre del G20 de Bali nos dará la oportunidad de ayudar a los países en desarrollo a superar la difícil situación en la que se encuentran. He instado a las economías del G20 a que adopten un conjunto de medidas de estímulo que aporte inversiones y liquidez a los Gobiernos del Sur Global y aborde las cuestiones del alivio y la reestructuración de la deuda.

    Al mismo tiempo que fomentamos que se actúe para adoptar estas medidas a mediano plazo, estamos trabajando sin descanso con todos los interesados para aliviar la crisis alimentaria mundial.

    La Iniciativa sobre la Exportación de Cereales por el Mar Negro forma parte esencial de estos esfuerzos y ha ayudado a estabilizar los mercados y reducir los precios de los alimentos. Hasta el más mínimo porcentaje puede aliviar el hambre y salvar vidas.

    También estamos trabajando para garantizar que los fertilizantes rusos puedan circular hacia los mercados mundiales, que la guerra ya ha trastocado gravemente. Los precios de los fertilizantes son hasta tres veces más altos que antes de la pandemia. El arroz, el producto básico más consumido del mundo, será el cultivo más afectado.

    Eliminar los demás obstáculos a las exportaciones de los fertilizantes rusos es una medida clave para lograr la seguridad alimentaria mundial.

    Buenas noticias

    Sin embargo, entre todas estas graves dificultades hay también buenas noticias.

    Los ocho mil millones de habitantes del mundo podrían representar enormes oportunidades para algunos de los países más pobres, donde el crecimiento demográfico es el más alto.

    Con unas inversiones relativamente pequeñas en atención de salud, educación, igualdad de género y desarrollo económico sostenible podría crearse un círculo virtuoso de desarrollo y crecimiento capaz de transformar las economías y las vidas.

    En unas pocas décadas, los países que ahora son más pobres podrían pasar a impulsar un crecimiento y prosperidad sostenibles y ecológicos en regiones enteras.

    Nunca he dudado del ingenio humano, y tengo una enorme fe en la solidaridad humana. En estos tiempos difíciles conviene recordar las palabras de uno de los más sabios observadores de la humanidad, Mahatma Gandhi: “El mundo tiene suficiente para colmar las necesidades de todos, pero no la codicia de todos”.

    Las grandes reuniones mundiales de este mes deben brindar la oportunidad de empezar a reducir brechas y restablecer la confianza, sobre la base de la igualdad de derechos y libertades de todos y cada uno de los ocho mil millones de miembros de la familia que constituye la humanidad.

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