
Creo que encarna algo así como la más bella sonrisa seria que he conocido, la dejé de ver por más de cinco años, pero no me costó seguir su rastro, hoy está más madura y elocuente al hablar de lo que bien sabe, y sobre todo de una palabra que aún me luce extraña: Alergología, que es decir la rama de la medicina que estudia la alergia y sus manifestaciones.
Como manifestaba el escritor Mario Benedetti “ el sur también existe”, y ella se lo tomó en serio para especializarse en Argentina, hoy es una profesional cotizada en este campo, y atiende ya a múltiples pacientes en varias clínicas de Pereira y en su particular consultorio.
Ella es: Adriana del Pilar Ocampo Londoño, aunque solo le gusta que la llamen por su primer nombre, y como terca que es, decidió entonces irse hasta la última punta del cono sur, allá fue donde avizoró la mejor oportunidad de especializarse en lo que realmente deseaba y materializar un sueño aun no cumplido: Alergias e inmunología.
La aguja más grande del reloj nos avisa que se acerca el medio día, es cuando me dice que estudió en Buenos Aires con la Asociación Médica de Argentina y la Sociedad de Alergias, Asma e Inmunología de ese país hasta convertirse alergóloga; creo que en el Eje Cafetero hay solo cuatro especialistas de este tipo.
Porque es que esta amable especie de “soltera cotizada” estudió medicina por amor, a la gente, a la profesión y el deseo ferviente de servir a los demás, egresada de la Universidad Tecnológica de Pereira y dice que su alma mater le ha abierto todas las puertas de los diversos países que ha visitado para enriquecer su vademécum.
Asegura que llegó la hora de ofrecer un servicio médico de calidad con pertinencia, que es escaso en la región pero con la firme intención de mejorar la calidad de vida de sus pacientes.
Cuando le pregunto qué es una alergia, me trata de explicar en términos sencillos que todo está basado en nuestro sistema inmunológico, en las defensas que tenemos adscritas en nuestros cuerpos, una alergia podría estar predeterminada por una anomalía, ser reactiva a las cosas del ambiente y que a las demás personas no lo son, es decir, que reacciona de manera anormal, mientras que para otros seres humanos podrían ser inocuas.
Cuando se quita su rigurosa batola blanca al terminar parte de la entrevista, deja mostrar una fina blusa roja, sonríe de manera cómplice porque sabe ya que le voy a preguntar por su única hermana, quien casi milagrosamente superó un duro cáncer, pero fue ella el alma y nervio de ese largo tratamiento médico.

La enfermedad de mi querida hermana Diana Carolina fue tal vez mi primer y más difícil reto profesional, ella fue diagnosticada con un cáncer cerebral hace unos seis años, tuvo su tratamiento y nos asesoramos por un equipo espectacular de especialistas, pero ella puso mucho de su parte, confió en nuestra medicina, en las manos de Dios y hoy por hoy, está completamente restablecida, viaja por el mundo puesto que es una gran profesional de “coauching”, especialista en mejorar las habilidades para los lideres, me dice y hace una relajante pausa.
Me cuenta que se desestreza conversando las cosas de la vida con su mágica mamá Mariela en su apartamentico de “sorpresas cotidianas” ubicado en el sector de Pinares en Pereira, hablando al unísono con amigos, disfrutando de una buena película, escuchando su música, compartiendo un vino con una parrilla argentina que ya sabe preparar muy bien (es que ya me consta, porque fui invitado recientemente) e intercambiando palabras o anécdotas con buenos amigos.
Se detiene un momento para responder nuestra última pregunta:
¿Adriana qué es la vida?:
“La vida es un viaje, pero hay que vivirla de manera cálida”, y vuelve entonces a lucir su traje de Ángel con esa sonrisa seria, mientras al aire gesticula entre labios rosados y sin un ápice de inocencia, una bella canción de Juanes…



