Algunas personas, a través de mi correo electrónico, me han pedido que me refiera al VOTO EN BLANCO, como mecanismo de mejorar el sistema de democracia representativa en nuestra Patria.
Con gusto lo hago, con la esperanza de ser lo más preciso en tan espinoso tema. En primer término revisemos el parágrafo 1° del artículo 258 de nuestra Constitución Política, modificado por el artículo 9° del Acto Legislativo 01 de 2009, que dice: “Deberá repetirse por una sola vez la votación para elegir miembros de una Corporación Pública, Gobernador, Alcalde o la primera vuelta en las elecciones presidenciales, cuando del total de votos válidos, los votos en blanco constituyan la mayoría. Tratándose de elecciones unipersonales no podrán presentarse los mismos candidatos, mientras en las de Corporaciones Públicas no se podrán presentar a las nuevas elecciones las listas que no hayan alcanzado el umbral.” (Negrillas fuera del texto original)
Los tarjetones electorales traen una casilla o recuadro con la leyenda VOTO EN BLANCO, en donde el ciudadano marcará tal preferencia al hacer uso de su derecho y deber ciudadanos. No debe marcar ninguna otra casilla ni escribir consignas o hacer dibujos. Únicamente marcar dentro de la casilla una X o un círculo, como debería hacerlo al votar por un candidato.
Para que el VOTO EN BLANCO tenga un pesos específico en los resultados electorales debe constituir la mayoría de la votación válida depositada, estos es el cincuenta por ciento de votos más un voto (50% + 1; no confundir con el 51%). Por ejemplo, si se depositaron un millón de votos válidos, el VOTO EN BLANCO ganará si obtiene quinientos mil un votos. (500.000 + 1).
Habrán notado los lectores que he insistido en el término VOTOS VÁLIDOS. Estos son la sumatoria de los votos depositados por los candidatos (y sus Partidos) y los votos en blanco. Los votos nulos y no marcados sólo se tienen en cuenta para determinar, al finalizar la jornada, el total de electores que concurrieron a las urnas y establecer conjuntamente con los otros votos, si la cantidad tarjetones depositados son igual, mayor o menor a dicha sumatoria. Si fuere mayor, bien sabido es que -al azar- se saca igual número de tarjetones y se destruyen.
El VOTO EN BLANCO es “una expresión política de disentimiento, abstención o inconformidad, con efectos políticos” y “constituye una valiosa expresión del disenso a través del cual se promueve la protección de la libertad del elector. Como consecuencia de este reconocimiento la Constitución le adscribe una incidencia decisiva en procesos electorales orientados a proveer cargos unipersonales y de corporaciones públicas de elección popular” según lo anota la H. Corte Constitucional en su Sentencia C-490 de 2011.
De otro lado, se debe desechar la idea, que tanto se ha venido pregonando, de que los VOTOS EN BLANCO se le suman al ganador o ganadores. Es una total falsedad tal aseveración.
Este mecanismo de sufragio puede llegar a ser válido para negarle la posibilidad de acceder a cargos públicos por elección popular a muchos políticos. Pero…existe un ¡GRAN RIESGO!
Los políticos y politiqueros tienen cautivo a un gran número de adeptos que inevitablemente van a votar por ellos. La humana contumacia del electorado así lo ha demostrado con contundencia. Y ahora se cierne otra gran amenaza: la imposición de las listas cerradas, en las cuales se votarán por la totalidad de sus candidatos, con menoscabo de la posibilidad de escoger el que prefiramos de la lista.
Las listas cerradas las encabezarán los de siempre, por quienes llevan varios años en la Corporación para la que se vote. Basta mirar con ojo escudriñador las curules en el Congreso, en las Asambleas y en los Concejos: “son los mismos en las mismas y con los mismos”, sin que se produzcan las ansiadas y necesarias renovaciones.
Para justificar la eliminación del voto preferente para Corporaciones Públicas, se aduce que es necesario fortalecer los Partidos Políticos. Pregunta, pregunta: ¿y es que quienes integran las listas preferentes de un determinado Partido, no son de ese Partido? Todos los votos por los diferentes candidatos van para el Partido que los avaló. Es posible que, como reacción ciudadana, el abstencionismo crezca pues se nos cercena de un tajo la libertad de elegir a quien prefiramos dentro de esa lista. Además el “relleno”, esto es, los candidatos que aparecen inscritos pero que por su ubicación dentro de la lista no tienen ninguna posibilidad de ser elegidos, no participaran activamente; y si actúan con empeño, es con el interés de que se la recompense con un buen cargo dentro de la fronda del árbol burocrático.
Retomando el tema del VOTO EN BLANCO: se corre el riesgo de que perdamos éste voto por no alcanzar ese 50%+1. El panorama nacional me lo hace ver muy difícil, por la fuerte -y las más de las veces, maquiavélica- maquinaria político-partidista. Y distraídos en esta campaña, los otros, los de siempre con los de siempre, aprovecharán para obtener unas amplias mayorías.
Si los abstencionistas (que tradicionalmente oscilan entre el 40% y 50% a nivel nacional) se decidieran a votar en blanco, se podría obtener tal triunfo. Pero es más fácil que los convenzan los de siempre porque tienen, a granel, recursos económicos y prebendas burocráticas y de otra clase; recursos económicos que, seguramente, fueron nuestros porque, en su mayoría, provienen del erario público.
El otro peligro del triunfo del VOTO EN BLANCO es que, en cierta forma, debilita la democracia al sacar de la contienda electoral, en la segunda vuelta, a los Partidos o Movimientos que no alcancen el umbral en la primera vuelta, que son los pequeños y los emergentes. Recordemos que el umbral es del 3% del total de los votos válidos; los partidos que NO lo alcancen, no participan en el reparto de curules.
Quienes piensen y deseen votar en blanco, es bueno que esperen la conformación del Comité Promotor de este tipo de votación, el que impartirá las correspondientes instrucciones y adelantará su campaña a nivel nacional.
En conclusión, me parece imperiosamente necesario que NO se prohíban las listas abiertas o preferentes; y que votemos a conciencia y con decisión por nuevos candidatos, para que así renovemos esa “fauna” anquilosada y atornillada en sus curules, que ya consideran propias y vitalicias. Veo pocas probabilidades que el voto en blanco gane una contienda electoral; pero el ciudadano, en su soberanía, tomará su personal decisión. En todo caso, votar en blanco es mejor que ser abstencionista.
Correo electrónico: ferpis7@hotmail.com
Dosquebradas, junio 23 de 2018.


