Los grandes líderes del mundo antiguo y moderno no conocieron el miedo. Alejandro Magno, Julio César, Napoleón, Churchill, Simón Bolívar, Gandhi y Jesucristo, entre otros, además de su visión y liderazgo tenían otra cosa importante que los distinguía de los demás, como era la autoconfianza. Tiene que ver con sus habilidades, fortalezas y debilidades.
Sobre el tema, John Kotter, profesor de la Escuela de Negocios de Harvard, nos enseña: “El coraje es un fuerte compromiso emocional. Y emocional es la palabra clave, con algunas ideas. Cuando las personas, además de pensar que sus ideas son acertadas, están comprometidas emocionalmente con ellas, las defienden contra viento y marea. Eso es coraje. Y cuanto más altas sean las barreras que se interponen con sus ideales, más oportunidades habrá para actos llenos de coraje”.
Por eso, dentro del perfil que debe tener un buen candidato, el coraje ocupa uno de los primeros lugares en esa escala de valores, especialmente tratándose de un país como el nuestro, donde su mayor problema es la inseguridad urbana y rural, de la delincuencia organizada o callejera, situación que reclama una respuesta y un discurso de quien aspira a gobernar un territorio, lo cual obliga al candidato a ofrecer unas acciones políticas efectivas para conquistar el voto de ese elector inconforme.
Ahora bien, sentir miedo es natural en un ser humano. Sin embargo, se aconseja estudiar el contexto político y cultural del territorio donde se va a desarrollar el proyecto, para evaluar todos los factores de riesgos, pues una cosa es ser un candidato valiente (vivo), que uno terco, pero muerto.
Hay que aclarar que un candidato tímido, que no toma decisiones precisas para ponerle fin al problema que afronta el pueblo es mal visto por el elector que reclama acciones políticas en el escenario electoral, así las balas zumben por todos lados. Los líderes asustadizos le transmiten miedo a sus seguidores, y a los líderes que no poseen sabiduría no vale la pena seguirlos, comenta Bill Diffenderffer, autor de la obra El líder Samurai.
¿Qué tal Jesucristo o Alejandro Magno andando con un perro, porque tenían miedo.


