CRÓNICA / Pereira una perla que se resiste a perder su brillo

Hay días que pasan inadvertidos y otros que quedan tatuados para siempre en la memoria de un pueblo. El lunes 10 de agosto de 2026 amaneció con un cielo intensamente azul, de esos que solo parecen existir sobre la Perla del Otún.

KELLY GARCÍA / Jefe de Prensa y Comunicaciones – Alcaldía Pereira

Los niños llegaban a sus colegios, los padres iniciaban la rutina hacia el trabajo, los comerciantes levantaban las puertas de sus negocios y los abuelos recorrían, como cada mañana, las calles y veredas de la ciudad. Nadie imaginaba que aquella aparente normalidad estaba a punto de convertirse en el recuerdo más doloroso y a la vez el mayor de los impulsos para renacer, que haya vivido Pereira.

Foto / Kelly García

A las 7:34 de la mañana la tierra rugió, fueron apenas unos minutos, pero para miles de pereiranos el tiempo dejó de existir. Hubo quienes vieron desaparecer su casa frente a sus ojos; otros quedaron atrapados entre montañas de concreto; muchos buscaron desesperadamente a un hijo, a un padre, a un compañero de trabajo. En medio del estruendo solo quedaba espacio para una oración y la esperanza de volver a escuchar la voz de quienes amaban.

Una semana después, Pereira sigue contando sus ausencias, casi un centenar de vidas se apagaron y miles de familias lo perdieron todo. Pero entre el polvo también apareció aquello que ninguna tragedia ha podido derrumbar: el alma de esta ciudad. La misma que hace poco menos de 163 años nació del esfuerzo de hombres y mujeres que decidieron construir futuro donde otros solo veían montaña. Esa misma fuerza volvió a despertar entre los escombros.

Los titanes de hoy ya no llevan hachas para abrir camino en la montaña, visten uniformes de bombero, batas de médico, cascos de rescatista o simplemente la ropa de cualquier ciudadano que dejó de pensar en sí mismo para ayudar a otro. Son las manos que continúan removiendo piedra tras piedra buscando vida; las que comparten un plato de comida, una cobija o un abrazo. Son los miles de pereiranos anónimos que están demostrando que el verdadero civismo aparece cuando el dolor amenaza con vencerlo todo.

Dicen que un jarrón roto jamás vuelve a ser el mismo. Pereira tampoco lo será, sus calles conservarán cicatrices, muchas familias cargarán ausencias y habrá nombres imposibles de olvidar, pero también quedará la certeza de que, cuando la tierra intentó partirla en pedazos, fueron sus propios hijos quienes recogieron uno a uno los fragmentos para volver a unirlos. Porque las ciudades no se sostienen sobre el cemento, lo hacen sobre su gente. Y si algo quedó demostrado después del 10 de agosto de 2026 es que la Perla del Otún podrá agrietarse, pero nunca dejará de brillar.

Pereira renacerá ¡Lo juro!

Todas las fotos / Kelly García

¡Compartelo! 😃
Scroll al inicio