La semana anterior el país fue sorprendido por una curiosa noticia respecto a la acción de tutela interpuesta por un ciudadano en Bogotá, que le correspondió al juzgado tercero de pequeñas causas. El despacho en mención inició el trámite correspondiente dictando el auto admisorio de la demanda, pues se trata de un mecanismo jurídico de fácil acceso, cuando quiera que resulten vulnerados o afectados los derechos fundamentales de una persona, solo partiendo de la buena fe del actor que busca justicia.

La acción en comento seguramente que será declarada improcedente por los siguientes motivos: 1)No se observa que al ciudadano afectado se le haya violado algún derecho fundamental que merezca su protección inmediata, como cuando se violan las garantías señaladas en los artículos 11 a 42 de la Constitución Política, 2)Si se trata de un posible delito contra la existencia y seguridad del Estado, la acción de tutela interpuesta no es el camino indicado, pues si existen pruebas contra los famosos deportistas, lo correcto sería acudir ante la Fiscalía General de la Nación y presentar una denuncia penal. Ahora bien, no constituye plena prueba un simple gesto de unos jugadores asociado a un candidato presidencial en una campaña política, producto de la inteligencia artificial.
Acciones como estas son las que contribuyen a entorpecer el arduo trabajo diario de los jueces y demás empleados de los despachos judiciales congestionando su buena marcha, con graves daños a la salud mental de los empleados judiciales, sin que exista actualmente una herramienta jurídica que impida a una persona natural acudir a un despacho judicial interponiendo acciones sin ningún fundamento, a menos que sea abogado, quien debe ceñir su actuación profesional a los deberes indicados en la Ley 1123 de 2007.
En nuestra democracia imperfecta, se permite que un ciudadano que no tiene un voto inscriba su nombre como candidato a un cargo de elección popular y un ignorante paralice una obra pública de impacto económico regional cuando se opone a su construcción como veedor ciudadano.
Por eso es urgente crear Escuelas de liderazgo en cada municipio para ilustrar al ciudadano sobre el funcionamiento del Estado, tal como hicieron Platón y Aristóteles en Atenas hace 2400 años.


