OPINIÓN / Claves para narrar la paz

CABEZOTE alvaro rodriguezCasi como parodiando el nombre del libro de Ginna Morelo, Gloria Castrillón y Olga Behar, van surgiendo pistas para hacer un periodismo en el posconflicto.

Muchas son las claves, desde los mitos creados, para narrar historias en las regiones lanzados desde las audiencias, el horror del conflicto, la cadena judicial montada en donde con frecuencia nos encontramos frente a una sola fuente para “cubrir” lo que sucede.

Casi que imaginándonos a que huele la paz desde los hogares, los claroscuros de la crisis interna en nuestras ciudades hasta mirar de reojo, con una sola línea de opinión, a quienes solo ven brotar sangre. En el titular imaginado para firmar el Acuerdo hasta considerar – cuando levantamos cabeza – en qué creemos que fallamos como Medios de Comunicación para formar sobre el tema.

Debemos “contribuir, desde el ejercicio comunicativo a romper con acciones de indiferencia de sectores de la sociedad que aún no reconocen el conflicto colombiano”.

No podemos aislarnos de lo que acontece en La Habana o dispararle ráfagas de intolerancia.

Como lo advierte el periodista Juan Manuel Castro Cárdenas de la Agencia Colombiana para la Reconstrucción, requerimos – más que nunca- hacer periodismo formativo, de precisión, explicativo y agregaríamos nosotros sin sacrificar la Verdad.

Como escenario de discusión, participación y reconciliación. De Recuperación de memoria histórica, como un aliento nacional. O, bien, como lo puntualiza Juan David Cárdenas (investigador de Medios de la universidad de la Sabana) un periodismo que contextualice y contribuya a crear un imaginario de paz.

Dentro de una cultura, de una educación por y para la PAZ para contribuir a apagar las brasas. No podemos – desde lo comunicacional – acrecentar la desconfianza. A ser responsables con los contenidos. A reinventarnos para vincular otras formas de acercarnos a leer – desde víctimas y victimarios – lo que está pasando.

La guerra en Colombia, se ha vivido en directo. Sin pausa de acuerdo con la máquina de estadística montada sobre el horror., sobre la competencia de las audiencias por “vender” más sin apaciguar , sin reinventarnos en la creación de otros mecanismos de comunicación como “herramientas de difusión”.

Los roles nuevos a los que estamos abocados y que nos dicen que en ese proceso de democratización de medios, hay que buscar nuevas enseñanzas para ejercitar un periodismo para el pos conflicto.

La paz merece pedagogía. Hay tiempo para revitalizar claves. Para sembrar testimonios y para clavar en el vientre de la Patria “un propósito cotidiano de de paz que trascienda lo episódico, el mandato oficial, las campañas mediáticas”.

A la guerra hay que hacerle “zoom”. Un periodismo que descubra y describa y genere pedazos de historias que transformen nuestras pobres agendas informativas, si es que de verdad existen.

El `periodismo, debe “recobrar la sensibilidad”. Perdida hoy, extraviada en caminos del conflicto y en el afán inoportuno de la noticia. Una de las claves, consideramos, es creer que mediante el uso adecuado de un lenguaje para informar – sin autocensura – podemos desactivar conceptos que favorezcan “mensajes guerreristas”. La paz es patrimonio de todos.

Salirnos de la receta que para hacer radio o tele, se requieren las “tres G” es un golpe a la pobreza mental nuestra. No dejemos la cicatriz abierta que solo nos interesan la Guerra, los Goles y los Glúteos.

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