Tantos momentos compartidos
detenidos en un instante.
Los besos se quedaron dormidos,
los abrazos amarrados, la caricia
intocada sin poder salir de nuestras
manos inundadas de agua, de jabón y de miedo.
Se nos detuvo la vida en un instante y esa libertad de volar a nuestro antojo se quedó suspendida y sin saber, nos devolvió a la jaula de amor, al hogar que teníamos olvidado ,ausente;el nido primero,seguro,caluroso y sereno.
Tuvimos que cerrar las puertas de la
calle para poder abrir la puerta de
nuestra casa, entrar por ella y hacer el retiro forzoso de volver a lo que somos y soñamos.
Hoy es la vida la que nos obliga y reclama.
Hoy es el miedo de morir lo que nos tiene impotentes y aislados.
El miedo de perder a los nuestros, esos que por afán y egoísmo dejamos solos.
Cuando pudimos hacerlo no hubo
abrazos, ni besos, ni caricias.
Hoy , si queremos hacerlo, no podemos ; la vida nos detiene y nos enfrenta a
una soledad que nos aterra.
Estamos en la casa, el sitio amurallado que nos protege y
defiende.
Estamos en la casa el lugar más hermoso, más cercano, más nuestro.
Encontrando entre todos ,quizá, una ruta nueva para vivir distinto y
querermos sin fin,sin contratiempos.
Es nuestra Arca donde nos resguardamos del Bíblico diluvio que
amenaza .
Mientras pasa este tiempo y como los besos, los abrazos, las caricias están
congelados , nos queda una salida para aliviarnos : querernos el alma, así de sencillo; es mirarnos detenidamente a los ojos, con amor,con agradecimiento y amar al otro, sentirlo cerca, abrazarlo en un gesto inmaterial que colma nuestra sed ,que alivia nuestra angustia y entonces, decirle sin palabras que su presencia y su amor es lo único que cuenta y lo que vale;que así hayamos estado lejos ,sin estarlo ,cuando inmersos en la tecnología ignoramos su presencia y evadimos su voz y sus abrazos.
Querámonos el alma para saber por siempre y entender que la vida del
otro es importante y que así no muramos en esta guerra, quedarnos
solos, sin amor y familia, sin la niñez ,semilla de nuestra raza ,sin amigos ,
sin los abuelos y abuelas que guardan nuestra historia es morir
para siempre y extinguirnos.
Por / María Celmira Toro Martinez



Gracias,por esta enriquecida reflexión. La verdad me conmovió el Alma y me llevó al llanto.
Gracias,por esta enriquecida reflexión. La verdad me conmovió el Alma y me llevó al llanto. Es tiempo de cambiar nuestras vidas,ya no volveremos a ser los de antes,tendremos que ser seres muy diferentes,si queremos compartir un tiempo más con nuestra hermosa humanidad.