• El importaculismo

    Esteban Jaramillo Osorio

    Desde la tv en blanco y negro, la radio de tubos, las máquinas de escribir y de coser, las grabadoras con casete y los teléfonos fijos, extinguidos hace tantos años, existieron las manipulaciones, los insultos a los árbitros y el futbol con trampas.

    Con frecuencia y al paso de los años, se vieron equivocaciones premeditadas, dolorosas para los afectados, proyectadas desde los escritorios de directivos señalados, jugadores con bajos instintos dispuestos a “venderle el alma al diablo” y árbitros con sus pitos locos.

    Arreglos hubo siempre y por todas partes. De ello habla la historia. De vivos y vivazos, de ovejas, zorros y hienas, de malabaristas al borde del abismo, cargados de culpas, con acusaciones sin castigo.

    Con habilidad para convertir en sospechas o conjeturas sus delitos y salir de “investigaciones rigurosas” sin despeinarse.

    Con indiferencia frente a los hechos, lo que la gente de hoy llama *importaculismo*.

    Con el discurso “sálvese quien pueda”, “del tema no se habla”, “Estamos investigando” o “nada pasa” porque “la culpa es del periodismo escandaloso, enemigo del fútbol que siempre quiere hacer daño”*.

    El fútbol desde sus inicios, hasta hoy, ha sido inspiración y arte. Con grandes estadios, repletos de protagonistas que marcaron las épocas con su talento para provocar el delirio de los hinchas, con partidos memorables.

    Pero todo fue cambiando. El aplauso generoso para los atletas destacados, se convirtió en adulación para “los ídolos de barro” convertidos en tontos instrumentos de un negocio, al que poco le importa el pueblo que lo sigue.

    Es una comedia en la que marchan en paralelo el conocimiento del juego, las habilidades con la pelota, las metodologías avanzadas de entrenamientos y competencia, las métricas, las discutidas herramientas de juzgamiento y las apuestas, con faltas a la moral y las excusas para evitar ser responsables.

    Con investigaciones eternas, sin rigor ético, con lloriqueos frente a las evidencias indiscutibles, las sospechas constantes y la desconfianza.

    Es el fútbol de hoy que perdió su esencia y además destruyó la autocrítica…El importaculismo.

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