LA PAZ NO SE LOGRA CON VIOLENCIA

El 2 de octubre de 1869 en Porbandar, una ciudad del pequeño estado de Gurayat (en la India), nació Mahatma Gandhi. Fue una persona que dedicó toda su vida a propagar el entendimiento de los seres humanos a través del diálogo y de acciones no violentas. No solo reflexionó sobre la importancia de estas estrategias, sino que las puso en práctica y demostró que por muchas heridas y sufrimiento que hubieran ocasionado el conflicto o los enfrentamientos armados, era posible alcanzar el perdón y la convivencia en armonía entre los seres humanos. Una de sus anécdotas más recordadas es cuando sus seguidores, perseguidos por el Ejército británico en una jornada de protesta, le pidieron que se defendiera con cualquier tipo de armas, y este les respondió: “No los vamos a agredir porque ellos son nuestros hermanos”. Y cuando sus seguidores le recordaron cuántos muertos y masacres habían cometido ellos contra la población india, les contestó: “Lo que sucede es que ellos no saben que nosotros también somos sus hermanos”.

Todos sabemos en qué terminaron las jornadas de protesta de Gandhi: en la expulsión de Gran Bretaña de las tierras de la India y su declaratoria como país libre de cualquier injerencia extranjera. En homenaje a este ser excepcional en sesión del 15 de junio del 2007, la Asamblea General de las Naciones Unidas declaró el 2 de octubre como el Día Internacional de la No Violencia. Desafortunadamente, sus enseñanzas no han calado en gran parte de la población ni en muchos de sus líderes, quienes siguen pensando todavía que la vía para alcanzar la paz es sometiendo por medio de la fuerza o extinguiendo a los contradictores.

Los aires guerreristas se ciernen sobre nuestra patria, que impávida asiste al triste espectáculo que protagonizan muchos de sus hijos que piden “lucha a muerte o sometimiento a los criminales del ELN”. Ellos olvidan un principio esencial: la violencia trae más violencia, porque a través de ella, lo que se siembra es el odio, el rencor y el resentimiento de los afectados o sobrevivientes. Además, la historia nos dice que Fabio Vásquez fundó esta organización subversiva el 4 de julio de 1964. ¡Cuántos gobiernos no han pasado desde entonces que han prometido exterminarlos! Por ahí no es la cosa. ¿Se debe castigar con toda la severidad de la ley a quienes cometen un delito? ¡Por supuesto! Esto no está en discusión. El punto es que jamás se deben cerrar las posibilidades de construir la paz a través del único camino posible: el diálogo civilizado.

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Uriel Escobar Barrios