Pereira - Risaralda - Colombia - 2017 /

PARA LLEGAR LEJOS……..MUY LEJOS

MARIA CELMIRA

Es una realidad que el comportamiento machista es un aprendizaje cultural, no solo aprendido en el medio social sino especialmente dentro del hogar.

En los familias colombianas hay un tratamiento diferente para las mujeres  y otra muy distinta para los hombres

Hay una educación, unos principios, una disciplina diferente para cada sexo.

Los  varones tienen uno derechos  que no tienen las niñas : ellos, pueden entrar y salir sin ningún obstáculo; la embriaguez, la promiscuidad, la deshonestidad, el comportamiento rudo  y desobligante es propio, según muchos padres y madres ,de su género  pues  así se forman los machos, los hombres.

Es común ver a padres  que llevan a sus hijos hasta el burdel  para que los inicien en su vida sexual y es común ver madres que se congracian con ello y los definen como muy hombres, muy varones, de gran éxito con las mujeres.

Madres que obliga a sus hijas a recogerle el desorden que dejan sus hijos varones, a levantarse a altas horas de la noche a servirles una comida, y padres que aplican una disciplina diferente con unas y con otros.

Las niñas deben cumplir unos horarios de llegada a casa, son controladas en sus amistades y actividades lo que no hacen con sus hijos varones, es una educación excluyente  que hace diferencias muy grandes dentro del hogar y en su razón se afirma la formación del hombre sobre unos principios distorsionados que les define una conducta de permisividad que a lo largo se convierte en un problema  social  de incontrolables  consecuencias.

Cuando un hombre es formado con este modelo toma como bueno lo que en su casa le orientaron , lo que le permitieron hacer y vivir; veladamente se le está diciendo que él tiene todas las libertades, que puede hacer lo que desee, que no hay obstáculos,ni inconvenientes en su vida  de hombre , que gracias a su sexo las puertas de todos los lugares están abiertas y que puede entra y salir sin  temores, sin problemas.

Cuestiona este tipo de educación que reciben los varones en su casa  y en la sociedad en que vivimos.

Parece que el hecho de ser hombre le da unas condiciones de vida diferentes, lo que no se entiende es como se puede educar en la permisividad a un ser tan valioso e importante como un hombre.

Ellos deberían formarse igual o mejor que las mujeres, ellos deberían asimilar desde niños que la promiscuidad  no es beneficiosa para nadie, que el vicio y los desenfrenos en algún momento cobran sus altos intereses en deshonor, en enfermedades , en soledades , en frustraciones, en silencios, en vergüenzas.

No es que el Hombre no deba  llorar, es mas bien que nos hemos olvidado de formarlos en la sensibilidad que no merma la hombría, en la delicadeza que no demerita su comportamiento varonil,  en el cuidado y respeto de si mismo, de su cuerpo como un tesoro ; hombres  que no anden sin rumbo entre placeres ,en amores furtivos y pasajeros que solo dejan soledad y vacío.

Ese concepto del machismo solo ha dejado un estereotipo de hombre insensible, irresponsable, emocionalmente débil que en nada se asemeja a la grandeza de ser que es, que fue creado para ser cabeza de un hogar, camino y guía; un ser dotado de grandes cualidades   y dones  , los que necesita para vivir feliz sin necesidad de rodar por el mundo sin rumbo , ni destino, comprando el amor, regateando abrazos y caricias.

Preocupa   el concepto de hombre en esta  sociedad de consumo.

Gane mucho dinero no importa de donde venga, lo importante es conseguirlo y disfrutarlo.

Tenga muchos amores, en ello radica su éxito, su hombría.

Sea fuerte, no llore, no manifieste sus debilidades en eso muestra su fortaleza de carácter.

No tenga temor ni miedo que eso es cobardía y un hombre no puede ser cobarde.

En fin tantos paradigmas sobre los cuales se fundamenta el significado de Hombre ; no saben quienes así piensan que un hombre es lo mas  sensible, lo más delicado en su intimidad,lo mas valioso , un hombre que nunca dejara de ser niño, de soñar, de esperar lo mejor, de querer darlo todo, de entregarlo todo, es por eso,que en este mundo de banalidades , para llegar a ser lo que su corazón  le dicta se deja llevar por el concepto de hombre enmarcado en esta sociedad de mentiras.

Yo hoy hago un elogio al hombre que sin dejar de serlo se respeta a sí mismo. El hombre que elige  el amor verdadero, no compra caricias ni amores y con la hombría que lo hace ese ser maravilloso que es, se decide por ser diferente, por amar en la dignidad, por construir un hogar y una familia y con su ejemplo formar los hombres y mujeres que este país necesita.

Si nos dedicamos a formar de manera especial y consciente a los niños, los hombres de este país podemos en unos años tener una sociedad distinta donde los principios y valores se inculcan por igual sin distintos de sexo, porque el dilema no es lo que somos, es lo que asumimos como seres obligados a dejar huella de grandeza en el lugar donde vivimos.

Es una labor de hogar, de papá y mamá , de ambos unidos,con amor en la educación de sus hijos.

Póngase a pensar un momento en el tipo de padres  y de madres que serán los niños y niñas que hoy tenemos en nuestros hogares, ¿será que así como los estamos educando hay una consistencia de formación que garantice en un  futuro cercano mantener la estabilidad de la familia? . ¿ Los estamos preparando para ser formadores de otros seres?  ¿ Les estamos dando el ejemplo para que ellos tengan un referente sobre el cual tomar unas decisiones, aplicar algún correctivo?

Cada día el ser humano tienen menos perfil de Padre ,menos perfil de Madre, hoy lo que vemos es una generación amorfa que aun no se define en su ser y si esta conducta se mantiene  vamos a tener que buscar no se donde seres con perfil de  hogar,pues por lo que vemos hasta la generación ira en decrecimiento  y ya no habrá niños, ni niñas, solo adultos marcados por una modernidad que les robo lo más valioso:el deseo de ser padres y madres de nuevas generaciones, de nuevos hijos y con ellos dejar huella en el mundo.

Ya hasta las huellas van a desaparecer.

Por: María Celmira Toro Martinez